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Tomada de Internet, El vegano radical |
Con la gigantesca bolsa con las compras que ya no usaría enfiló hacia Aribau. Estaba disgustado, con una ira creciente que
le iba subiendo desde el estómago hasta la garganta mientras se decía, “qué
gilipollas eres, pero qué gilipollas. Lola sigue conmigo, porque tiene entre las
piernas una calculadora, pero ya hace demasiado que no me quiere”. Nunca
había sido un hombre guapo, y ahora, la calvicie y la barriga le hacían verse
poco atractivo, pero haría testamento, dejaría todo lo que tenía a esa
dependienta de toda la vida que siempre le ayudó, y que Lola se fuera al
infierno. Él también se iría, puestos a ir a algún lugar. Sin hijos y con una mujer que acababa de ver morreándose con tipo más joven que ambos, haber conseguido la jubilación no le proporcionaría ya ningún placer
Una voz le sacó de su estado ensimismado. Un hombre yacía, con un perro a su lado, en la entrada de un local
que anunciaba “en traspaso”. Era un tipo que tendría sobre los cuarenta años y
que tenía un libro abierto, cosa de la que Luis no se percató hasta mucho
tiempo después
- Cuidado amigo, mire por dónde va, dijo el
hombre, dando un brinco
- Lo siento, no le he visto, disculpe. Dijo Luis, apenado, y empezando a acariciar al perro sin saber cómo. Le regalo lo que he comprado. Es para pintar al óleo, ya no me apetece más que llorar, y tirarme del rompeolas a ver si acabo con todo
- Por Dios, no diga eso, y siga acariciando la
cabeza de Bup, que ya ve cuánto le gusta, y además nada justifica quitarse la vida
En
efecto, el perro, sin raza ni pedigree pero de tamaño medio y muy tranquilo,
estaba dejándose acariciar meneando la cola.
- Mejor ni le cuento, disculpe nuevamente. Le
dejo la bolsa aquí, son pinturas Goya, de las mejores. Si no las quiere puede
intentar venderlas.
- Nunca se sabe, pero no me tengo por pintor
- Ya ve, yo tampoco. Justo ahora, al jubilarme pensé que sería buena idea
- Me llamo Juan. Y le tendió la mano, que Luis
apretó en un saludo sincero
- Yo me llamo Luis, pero ahora la verdad, poco
importa. Iré a mi casa, llamaré al notario para hacer testamento mañana, y si
Dios quiere, pasado mañana ya estaré durmiendo el sueño de los justos.
- Quite hombre, cómo anda pensando en esas cosas. Que no, que aquí se queda conmigo y charlamos, ¿verdad Bup?. El perro hizo
además de entender y acercó la cabeza a la mano de Luis, quien acabó por
sentarse junto al sintecho.
Al
rato fueron juntos a tomar una cerveza, a un bar cercano. Luis se extrañó de
que no recogiera un poco los cartones y un saco rojo, pero Juan le convenció de
que nadie le iba a robar. Tampoco tengo nada de valor, dijo, tomando la bolsa
de la compra en una mano y en la otra llevando a su perro y esa novela. Juan había sido bibliotecario, un ratón de biblioteca
desde jovencito de hecho, y sin oposiciones aprobadas, había estado trabajando hasta hacía
dos años. El paro se acabó, y como nunca tuvo novia, ni hermanos, acabó
viviendo en un piso compartido, del que le acabaron por echar. Poco más podía
decir. No había viajado, más que a través de los libros, dijo con una mirada
pícara. Luis contando sus penas se fue calmando, porque nada grave, en verdad
grave, le había pasado. Tuvo, y tenía, mujer, un negocio, y suerte en la
vida. Ahora se dispondría a viajar. Si Juan lo aceptaba, y siempre que pudieran
llevar a Bup con ellos. Porque el infierno podía esperar, y Lola, sin cuentas
ni tarjetas de crédito, buscaría cómo seguir su vida con quien quisiera, y se
dejase, mangonear. El
libro se titulaba “Más allá de los viajes de placer”. La página treinta estaba
ilustraba con la imagen de uno de los canales de Venecia, donde, según la
escritora, Donna León sitúa al Comisario Brunetti, en esos entramados de novela
negra que tanta fama han cosechado.
- Primera parada Venecia, pasado mañana, pero te
vienes, os venís a mi casa, ¿de acuerdo Juan?
- Con gusto, pero ¿qué dirá tu mujer?
- Que le den morcilla, amigo.
Una
bolsa apoyada en un contenedor, dos hombres y un perro subiendo por Aribau dejan
atrás a un suicida en ciernes, que encontró al amigo que nunca consiguió tener