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jueves, 11 de abril de 2019

Irse o quedarse

Tomado de Internet Arainfo

Trató de acostumbrarse a que una máquina respirase por él, también a defecar en una bolsa, y lo logró. Eso de comer a través de una sonda, y de que su madre, mientras pudo, y las enfermeras luego, le limpiasen el culo y le quitasen los mocos lo llevó fatal. 

Pasaban los días e intentó habituarse al hecho de no volver a jugar al fútbol, de no acudir a la Universidad, ni a un cine. No le importó no  aprender a conducir, ni no echar su primer polvo, ni a  no afeitarse, o comer pizza.

Le animaron a buscar alicientes. En los libros, en la tele, en las  revistas, cuyas páginas pasaban los dedos de otro, pero no encontraba en  nada el aliciente suficiente. Se deprimió. Él sólo quería levantarse de aquella cama, pisar la hierba húmeda descalzo, inundar sus pulmones de aire freso, sumergirse en las frías aguas del mar, y si no iba a ser capaz, sólo quería marcharse. De hecho, al ser consciente de lo que el maldito futuro le deparaba, decidió que no lo quería. Y su madre, uniéndose a sus razones, luchó con las mismas fuerzas para lograr su muerte como lo había hecho para mantenerle con vida. Pedían que le desconectasen. Los amigos le acusaban entonces de que no quería luchar, de que era un cobarde, de que su postura era la más fácil. Otos aplaudían su coraje por querer poner fin a una situación irreversible, y todo seguía igual. Pasaron los años y abrieron un apartado de correos. 

Recibía cientos de cartas, algunas apoyándole, pero muchas reprochándole. Él no aceptaba que su vida y su muerte se hubiesen convertido en algo público, en un tema de debate social, jurídico, mediático y moral.  Con todas las puertas cerradas, quien más le podía amar, se dejó la vida tratando de que el país, el mundo, o la Iglesia, aceptasen y respetasen la decisión de su hijo. 

"Siempre habrá quien quiera seguir viviendo a pesar de la orden de desahucio dictada para su cuerpo. Pero siempre habrá quien piense que una vida sin vida no es vida.", dijo en la última entrevista que concedió.  Cuando les encontraron dormidos para siempre, todos rezaron por el alma de esa madre, abocada a morir dando la mano a su hijo, pero ya era demasiado tarde.